ir a inicio

  Presentación Cartel simboliza Cantabria,
"el de la osa", de Gustavo Cotera: 3 abril 1978
  

La conciencia autonómica de Cantabria estaba muy ligada al crecimiento de la conciencia de identidad. Las especificidades de Cantabria eran objeto de cuidado y relanzamiento por parte de ADIC. Los símbolos jugaban un importante papel.
El día 3 de abril de 1978 se presentó a los medios de comunicación la edición y puesta a la venta del póster a todo color y gran formato, simbolizando a Cantabria. Su autor fue el dibujante cántabro Gustavo Cotera. Fue acabado en el invierno de 1977 y su edición y distribución corrió a cargo de ADIC.
En un boletín informativo, El Teju, editado por ADIC en 1994, Gustavo Cotera escribe el siguiente artículo sobre el póster:
“Hace ya más de tres lustros, los foramontanos que por entonces estudiábamos en Valladolid instituíamos la Asamblea de Estudiantes cántabros. Siendo yo ilustrador, mi aportación a aquel colectivo quise que fuera un cartel que rompieses el esteorotipo de una región de plácidas montañas repobladas de vacas holandesas.
Incompresiblemente, el símbolo de una Cantabria indomable jamás había sido plasmado en la escasa iconografía local: estábamos sobrados de estampas de seudo-pasiegos de opereta, de dalles y frisonas, pero faltos de gestos gráficos donde tomasen cuerpo la intra-historia, la mitología, el pasado de un pueblo…

Desde siempre, países y naciones se representaron bajo la forma de una mujer, asociándose lo femenino con la fertilidad y la tierra; si a ello sumaba el régimen de matriarcado que, al decir de Estragón, aún subsistía dentro de la cultura de los casaros, no dude en materializar a Cantabria con un cuerpo de brava amazona montesina; u, del mismo modo que a España se la idealizó junto al león o a Europa con un toro…, ¿qué otra criatura más legendaria que el oso de nuestros montes para figurar al lado de la Hija de las Peñas…?.
Este animal, y no la sumisa vaca, era el tótem envidiable del País Cántabro.
Así pues, desde los primeros bocetos el oso sería la cabalgadura de la Venus cántabra, y fue un acierto, porque el cartel se conoce hoy por “el de la osa” (que hembra la quiso la opinión general).
Inicialmente coroné la figura femenina con esfera diadema de tejo, haciéndola empuñar un largo palanco por toda arma; pero, en sucesivos apuntes me pareció más elocuente que tañera una caracola, como si la eterna y siempre joven Cantabria nos convocase a despertar, al ronco son del bígaro.
Reforcé su aire guerrero erizándola de puñal y venablos; negra piel de lobo – según la estela gigante de Zurita – enmarcaría su rostro flanqueado por dos joyas en forma de creciente lunar, de oro al igual que el torques de su cuello…
Quise un diseño muy vertical, donde en el tercio superior girase la rueda solar con sus cinco llamas rematadas por esquemáticas cabezas de ofidio – animal consagrado al fuego celeste – y puse los colores del astro naciente para esta nueva aurora de Cantabria.
A modo de orla, un apenas insinuado arco de herraduras y rosetas de seis puntas, motivos ornamentales tan del gusto prerromano, y por aquello de incluir una certera clave identificativa de cara al exterior la referencia a Altamira y sus bisontes. El cartel, de gran tamaño de casi dos metros de alto, lo pintaría al óleo sobre gruesa tabla, evocando el grafismo sinuoso, el estilo modernista de fines del siglo XIX”.