RAFAEL FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ: QUÍMICO E INVESTIGADOR ETNOGRÁFICO.
«RAFAEL FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ: QUÍMICO E INVESTIGADOR ETNOGRÁFICO»
Autor del texto: Marín Sánchez González. Presidente de ADIC.
Es una circunstancia constatable que la mayor parte de los que ejercen la investigación en el ámbito de la cultura cántabra, lo hacen desde su experiencia profesional, aportando su talento, su esfuerzo, su tiempo libre y, a menudo, su dinero para su mejor conocimiento y difusión. Ese es, por ejemplo, el caso de Rafael Fernández, aunque en su biografía habría que añadir a estos factores un componente muy especial: la murria.
Perito industrial químico, tras unos años dedicado a la enseñanza en la antigua Academia Politécnica de Santander, este camargués emprendió, todavía joven, el camino de la emigración, prosiguiendo su carrera profesional en Barcelona, dentro del ámbito de la sección de tintorería y acabados en la industria textil catalana.
El interés por la etnografía y la lejanía de Cantabria durante la mayor parte del año le impulsaron a volcar sus conocimientos técnicos y su curiosidad científica hacia la investigación del origen de las técnicas textileras modernas. En otras palabras, a averiguar cómo habían sido los procesos tradicionales de esa artesanía en su tierra, durante la época preindustrial.
De esta forma, Rafael mataba su murria y continuaba haciendo, durante sus siempre cortas vacaciones veraniegas, aquello que le gustaba y que tanto promovió durante su época de profesor en Santander: el conocimiento del territorio y el contacto de lo urbano con lo rural. Gracias a sus excursiones pudo entrevistar a las conocedoras de la tradición textil, documentar técnicas milenarias, recoger fotos antiguas y descubrir los instrumentos necesarios para el desempeño de esta actividad ancestral, tales como agratos, cardas, espadas, tornos, argadillos, jusus, ruecas, telares, pisas y coladeros, entre otros. Simultáneamente recopiló el vocabulario profesional y los dichos y refranes alrededor de esta, eminentemente femenina, industria. Para complementar la información que le trasmitieron las últimas depositarias de esta artesanía, Rafael buceó en archivos, descubriendo valiosa documentación.
Es curioso constatar que, en los años durante los que Gustavo Cotera recorría Cantabria rebuscando «trapos viejos» en las arcas y fotos antiguas en los cajones, con objeto de recomponer nuestro ropal histórico, Rafael hacía una labor similar, sobre el proceso previo a la confección, desde la siembra del lino y del cáñamo o el esquileo de las ovejas hasta los tejidos que se precisaban para poder elaborar la ropa. Naturalmente pasando por toda una serie de procesos intermedios como el majado, el rastrillado, el espadado, el cardado, el hilado, el tintado y el abatanado..., tras los cuales las fibras naturales se convertían en telas.
Su prolongado trabajo investigador, permitió a Rafael publicar varios artículos relativos a sus hallazgos. Su labor divulgadora culminó en 2013, con el libro La textilería tradicional en Cantabria, compendio de los bastos conocimientos que adquirió durante tantos años de estudio y obra de consulta obligada para entender esta actividad en Cantabria.
Cuando me entrevisté con Rafael, aprovechando sus vacaciones en Santander, sus ojos brillaban recordando las fructíferas conversaciones mantenidas con las informantes. Su cara también se iluminaba cuando imaginaba la linea que, desde el muelle, describen las montañas. En varias de esas cimas, me contaba orgulloso, había puesto el pie.
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