JOSÉ SAÑUDO SÁIZ: GANADERO Y ESPECIALISTA EN DEPORTE RURAL DE CANTABRIA.

«JOSÉ SAÑUDO SÁIZ, UN EJEMPLO DE TENACIDAD POR MANTENER VIVO EL DEPORTE RURAL DE CANTABRIA»

Autor del texto: Pedro L. Madrazo.

De orígenes pasiegos y ganadero vocacional, lo cierto es que cae muy bien nada más conocerlo. Su impronta campechana y agradable es un rasgo inconfundible de su personalidad. El caso es que siempre ha sido un portento físico y a la vez un competidor nato, lo que le ha llevado a practicar muchos deportes y durante muchos años. Muestra orgullo en su mirada cuando recuerda que a los dieciséis años, en un lejano 1969, fue campeón de España de siega con dalle, en pareja con su hermano Manuel, en Santa María de Cayón.

Acostumbrado desde joven a madrugar para segar la hierba durante largas jornadas de más de seis horas, ir a la leña o cargar con pesadas ollas de leche, pasados los años decidió mostrar a las nuevas generaciones toda esa destreza aprendida y convertirla en su gran pasión, focalizada en impulsar y dar a conocer el deporte rural de Cantabria a través de la creación del Club Deportivo La Garita. Una idea que aglutinaba una serie de modalidades deportivas que nacieron de los trabajos realizados en las zonas rurales durante muchas generaciones, y que surgió en San Roque de Riomiera. Concretamente un buen día que lo invitaron a participar en las fiestas, en el corte de hacha, gracias a que sus padres eran naturales de La Vega de Pas. Allí conoció a una docena de muchachos con buenas cualidades para este deporte. Era gente muy fuerte, pero les faltaba aprender, así que les propuso hacer un equipo, y de este modo nació La Garita. Un ilusionante proyecto con sede en San Esteban de Cerrazo (Reocín) que entre sus fines ha estado defender este patrimonio deportivo y cultural como seña de identidad de nuestra tierra, puesto que la cultura intangible o inmaterial, propia de la cultura identitaria, es popular, conformada por el pueblo y para el pueblo.

Ha corrido con las ollas de leche en numerosas carreras, ha tirado de la cuerda y al pulso, también ha jugado a los bolos, ha tirado de hacha y tronzador para el corte de troncos, ha intentado recuperar el aluche —lucha popular cántabra de agarre —, se ha impulsado con el palu o palancu para hacer salto pasiego, ha mostrado su habilidad en el juego de rayar, con los pies juntos, y apoyado con una mano en el palu, inclinándose hacia delante buscando un equilibrio que parece imposible, ha probado su pericia para andar sobre el palu, su fuerza en el tiro al garrote … y siempre con el mismo fin, que no se pierdan las antiguas tradiciones de los pueblos cántabros, recogidas habitualmente de la tradición oral, con el objetivo de mantener viva y presente nuestra herencia, de la que forman una parte fundamental nuestros deportes autóctonos o tradicionales.

Fruto de su vocación por la competición son las decenas de trofeos y recuerdos que hoy se acumulan en las vitrinas de su casa, ganados aquí en Cantabria, pero también en la vecina Asturias y en Castilla y León. Ahora, ya retirado de las exhibiciones por toda Cantabria de las diferentes modalidades del deporte rural, todavía tiene ilusión por seguir luchando para que no se pierdan las costumbres y tradiciones de su tierra y no desaparezcan del imaginario colectivo.


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