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Fecha: 29/08/2007 Tipo: MEDIOS DE COMUNICACIÓN

ADIC DISCREPA DE LAS VALORACIONES DE REVILLA SOBRE EL “MONTAÑÉS”.

 

   ADIC rechaza las criticas de Revilla al habla cántabra. «El idioma o dialecto montañés forman parte del patrimonio cultural». (29/08/2007).

La Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC) calificó ayer de «imprecisas y desafortunadas» las afirmaciones del presidente regional, Miguel Ángel Revilla, cuestionando la validez del 'cántabro' como idioma y considerando que sólo es un castellano mal hablado. A juicio de la asociación, esta opinión se asienta más en una visión ideológica de Cantabria que en planteamientos científicos.

ADIC le recordó a Revilla que el artículo 30 del Estatuto de Autonomía obliga a la «defensa y protección de los valores culturales del pueblo cántabro», y advirtió que «mal que le pese, el habla, dialecto o idioma montañés forma parte del patrimonio cultural, etnográfico e histórico de Cantabria». Por ello, consideró que «jamás un cargo público en Cantabria debiera minusvalorar o faltar al respeto a un hecho cántabro, por muy desagradable o incómodo que le resulte desde su órbita ideológica, y mucho más cuando el señor Revilla, que se sepa, no es filólogo».

La asociación cantabrista indicó que no entiende que el presidente mezcle en público sus deseos políticos con la realidad científica y opinó que la única traba para el estudio y conocimiento de este hecho no es otro que «los complejos identitarios que siguen instalados en la sociedad cántabra, y que declaraciones como las del señor Revilla contribuyen a perpetuar».

Referencia bibliográficas

ADIC destacó que no es el cantabrismo el que inventa el montañés. En este sentido, recordó que desde el siglo XIX hasta hoy existen decenas de referencias bibliográficas que aluden a un hecho lingüístico popular en Cantabria. «Y no son precisamente ideólogos quienes los realizan, sino investigadores y científicos», indicó ADIC, que citó a Menéndez Pidal; Alcalde del Río; José María Cossío; García Lomas; J. González Campuzano y J. Sierra Pando, en el primer tercio del siglo XX.

Junto a ellos, Rodríguez Castellano; Máximo González del Valle; o M. A. Sáinz Antonil durante la dictadura franquista y Ralph Penny, J. C. Holmquist, V. Orazi, L. Spitzer en Europa y Estados Unidos. Más recientemente autoras como María del Carmen Lasén Pellón.

Asimismo, ADIC insiste en que no se trata sólo de estos autores, sino de las instituciones que ampararon sus estudios y publicaciones, entidades, tan «sospechosas», ironiza, como la Real Academia de la Lengua, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y las universidades de Salamanca, Oviedo, Cantabria, Alicante; el Centro de Estudios Montañeses, la Librería Estudio, la Biblioteca Menéndez Pelayo, la Revista de Filología Española y la Revista de Santander.

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