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Fecha: 19/06/2000 Tipo: ARTÍCULO DE OPINIÓN

ADIC Y EL RACING, MOTIVOS PARA OPINAR.

 

  14 - junio - 2008.

   ADIC Y EL RACING. MOTIVOS PARA OPINAR.

JUNTA DIRECTIVA DE LA ASOCIACIÓN PARA LA DEFENSA DE LOS INTERESES DE CANTABRIA (ADIC)

 

La pasada semana, la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC) envió un comunicado a la prensa en el que ofrecía su opinión sobre el más que presumible gesto que tendrá el Real Racing Club de incorporar a su camiseta la bandera española. A la vista de alguna que otra declaración y sobre todo de ciertas calumnias, insultos y tergiversaciones malintencionadas, creemos que merece la pena realizar una aclaración pública.

Cuando nuestra asociación decide mandar un escrito es porque ha constatado cierto interés sobre el asunto, no se trata de una inquietud gratuita ni un alarde de protagonismo. Lo que se pretendía, en este caso, era introducir en la opinión pública una cuestión que rondaba en distintas tertulias. A partir de ahí, se han desatado todo tipo de comentarios que se han sacado de contexto generando otro debate, presumiblemente inducido, y tan absurdo como innecesario.

Comenzábamos nuestro escrito afirmando que respetábamos escrupulosamente la bandera española así como los símbolos de la colectividad del Estado y que no pretendíamos establecer un debate político porque, a parte de ser estéril, estaba injustificado y no era el Real Racing Club el medio precisamente para hacerlo. Por si a alguien aún no le queda claro ADIC, en sus más de treinta y dos años de historia, nunca ha mostrado ninguna veleidad antiespañola, es más, fue uno de los primeros colectivos que lucharon por la recuperación de las libertades y por conseguir la Constitución que hoy nos gobierna a todos. Otros que ahora nos critican y se rasgan las vestiduras autoproclamándose adalides en la defensa constitucional, no pueden decir lo mismo porque hace treinta años eran contrarios a la democracia.

Esa Constitución, que protege y respeta la identidad de los pueblos que conforman el Estado, dio pie al proceso autonómico de Cantabria y precisamente por la aplicación de sus preceptos y el acatamiento de todos ellos, hoy vivimos el mejor momento de nuestra historia. Nuestra contribución es la que es y nadie la va a borrar ni a manchar por muchas falacias interesadas que se quieran hacer y a pesar de los intentos de demonizar y "batasunizar" todo lo que hace ADIC. Somos cántabros y cantabristas y hablamos de Cantabria respetando las reglas constitucionales. No hay o no debiera haber ningún problema, más bien al contrario. Si para algunos eso es ser nacionalista y, por extensión, tener rabo, un tridente y cuernos en la frente, allá él con sus conceptos; nuestros actos, comunicados y estatutos nos definen y están ahí para quien quiera verlos.

Nadie nunca podrá escuchar a ADIC manifestar la más mínima falta de respeto al orden constitucional ni a los poderes ni símbolos que emanan de él. Nuestro colectivo se ha limitado a opinar sobre un gesto que presuntamente va a tomar el máximo representante del deporte cántabro ante una cita histórica. Creemos que ese guiño es inadecuado e improcedente, que es extraordinario. Eso es lo que hemos dicho y de ahí a escuchar lo que se ha escuchado, va un abismo y, por supuesto, nada, pero absolutamente nada tiene que ver con la adscripción del Racing.

Creemos que en una equipación deportiva no debe ir ninguna bandera y ningún signo más allá de los símbolos de la propia entidad porque los clubes representan a sus socios y aficionados. Por eso los clubes, en ninguna parte del mundo, incorporan la bandera del estado al que pertenecen. De hecho, la propia normativa UEFA no regula esa posibilidad, no obliga por tanto a hacerlo y sólo en muy pocos clubes españoles -Sevilla, Atlético de Madrid y esporádicamente el Real Madrid- se ha visto. En ningún otro lugar, ni ingleses, ni franceses, ni alemanes, ni suecos, ni italianos, ni argentinos, ni brasileños .., ningún equipo europeo o de cualquier parte del mundo incorpora la bandera de su país a su uniforme. En consecuencia, la decisión del club cántabro es extraordinaria, se sale de la normalidad. ¿A qué viene pues ese empeño para que nos diferenciemos del resto de equipos españoles y europeos? Por tanto, ¿no es susceptible de ser valorada esa excepcionalidad?

El Racing estará en la UEFA porque ha quedado sexto en su liga. El año próximo defenderá junto a otros seis equipos los intereses del fútbol español en el viejo continente y poner eso en duda o en el debate suscitado es estúpido. No sólo eso, en el sorteo, en el protocolo, en el marcador, en los hoteles, en el ranking UEFA ., en todos los lugares donde vaya nuestro equipo o aparezca la palabra Racing, ineludiblemente ligado a él aparecerá el vocablo España porque tiene que ser así. En consecuencia, la indudable identificación y relación del Racing con España está más que garantizada.

Pero de la misma manera que para todos los países del mundo el Racing está en UEFA representando al fútbol español, para nosotros los cántabros, además, representa a nuestra comunidad, a nuestro pueblo, porque simboliza una referencia identitaria y expresa una muestra de solidaridad colectiva. La totalidad de su masa social es cántabra o con esa ascendencia, sus aficionados también son casi todos de aquí, viven en Cantabria; es rarísimo encontrar un seguidor fuera de nuestras fronteras que sea racinguista sin tener una relación con Cantabria. Se trata pues, de un maridaje estrechísimo entre el club verdiblanco y el solar donde tiene su sede.

Y dado que es la primera vez que en una competición de trascendencia internacional del deporte más importante del mundo va a estar presente un club cántabro, lo lógico sería aprovecharse de esa circunstancia para lograr dos objetivos. Por un lado, dar a conocer nuestra comunidad, nuestra tierra, nuestra "imagen de marca" -Cantabria- y por otro, reforzar el orgullo que supone para los cántabros tener una entidad que pasee por el mundo nuestro nombre. Es por ello por lo que consideramos que, de haber alguna simbología, esta debiera ser cántabra, para reforzar ese vínculo Racing-Cantabria no sólo con nosotros mismos, sino también con el exterior: la identificación con la liga española es automática porque toda Europa sabe que el Racing es un equipo de esa liga y sin embargo, la identificación con Cantabria no está garantizada. No se trata pues de debates ideológicos ni de contraponer indentidades.

Incorporar además simbología cántabra no supone ninguna polémica. Cuando a comienzos de esta temporada se estampó en las camisetas racinguistas la bandera de Cantabria y una estela en la equipación suplente, no sólo nadie dijo nada sino que fue muy bien recogido entre el público, porque era un acto de normalidad. De hecho, esa equipación es la más vendida y demandada, y lo será por algo.

Con todo, se toma la respetable decisión que se conoce. A pesar de la normalidad que supone incorporar simbología cántabra, sabiendo el origen de sus seguidores y lo que para ellos representa el club, conociendo la abrumadora relación que se va a establecer entre el Racing y España en el contexto futbolístico mundial y sobre todo, con las casi nulas referencias de traslación de simbología "nacional" al uniforme de un club de fútbol, la situación que se produce es cuando menos infrecuente y extraordinaria, y lo que trasluce es que bajo ese halo de supuesta naturalidad que ahora se quiere imponer, se esconde cierta intencionalidad ¿Por qué?

Lo cierto es que había una polémica que se quería silenciar y ha salido a la luz, una controversia que quizás alguno no se esperaba, que nada tiene que ver con la política o con debates identitarios, pero que va mucho más allá de la simple anécdota.

ADIC lo único que ha hecho es tomar nota del asunto y posicionarse afirmando que la decisión de colocar la bandera de España es inapropiada e improcedente, o sea, que se quiere convertir en normal algo que es anormal, lo cual es lógico que se valore. Nuestros argumentos podrán ser criticados y contestados, como todos, pero son tan legítimos como cualquier otro y estamos convencidos que nada ofensivos. A alguno, como nos consta, no le gustarán, pero eso no le da licencia para iniciar una caza de brujas. Al final, lo que ha trascendido de toda esta polémica es el linchamiento de todo aquel que no se alinee de forma visceral a sus posicionamientos y sensibilidades. Nuestro propio presidente, Bernardo Colsa, ha sido vituperado, enjuiciado y condenado, poniéndole en su boca palabras que ni él ni ADIC han pronunciado jamás. Al Sr. Colsa se le ha tratado de anatematizar, como si viviéramos aún bajo el poder de la Inquisición y, en ocasiones, con mala fé.

Sería deseable que en esta tierra, en lo sucesivo, reinara un mayor respeto democrático para todos aquellos que desean ejercitar la libertad de expresarse.


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