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Fecha: 01/09/2010 Tipo: Tribuna Libre. Diario Montañés

ARTÍCULO DE OPINIÓN: CANTABRIA Y LA RIOJA ANTE EL BLINDAJE VASCO.

 

     1 septiembre 2010.

  CANTABRIA Y LA RIOJA ANTE EL BLINDAJE VASCO.

Bernardo Colsa LLoreda (Presidente de ADIC).

El pasado 23 de julio, el presidente de La Rioja, Pedro Sanz, presentaba sus sugerencias para la reforma del estatuto riojano. Entre ellas ocupaba un papel destacado la búsqueda de una "adecuada compensación de los perjuicios ocasionados por el efecto frontera». Esto es, la exploración de soluciones ante los planes de incentivos que La Rioja se ve obligada a articular para aminorar las normas fiscales que se dictan desde Euskadi o Navarra, y que pretenden atraer inversiones y empresas.
El asunto no es nuevo para ellos. Cuando plantearon su reforma estatutaria en 1998, incorporaron el artículo 46, en el que se contemplaba la corrección de los desequilibrios producidos en La Rioja por los efectos derivados de su situación limítrofe con esos territorios. De hecho, en virtud de ese precepto estatutario, La Rioja recibió en el año 2002, la no despreciable cantidad de veintiún millones de euros. Ocho años después, en un escenario de reformas estatutarias, nuevo sistema de financiación y blindaje de las normas vascas, los riojanos consideran que necesitan actualizar su Estatuto y asegurar su autonomía financiera. Para ello, pretenden desarrollar el citado artículo y garantizar la efectividad de esa compensación estableciendo una revisión bienal del sistema de financiación y la suscripción de un acuerdo entre los gobiernos riojano y central. Pero no sólo eso, también pretenden cobrar la compensación generada en estos últimos ocho años que, en un pleno del Parlamento Riojano, se estimó en 25,3 millones.
Todos estos movimientos son respaldados por la oposición política de la comunidad riojana. En el Gobierno está el PP, en la oposición el PSOE. No son partidos nacionalistas riojanos, ni pretenden romper España, ni sostienen ciertas veleidades; tampoco se trata de formaciones que representen el ala más autonomista de populares y socialistas. Hablamos de La Rioja. Trasladémonos a Cantabria. Preguntémonos qué hemos hecho en los últimos treinta años para estudiar la influencia de la fiscalidad vasca, compensar sus efectos y, más recientemente, para analizar las consecuencias del blindaje vasco. Tómense todo el tiempo que quieran. Analicen quienes política, empresarial, académica y socialmente han dicho o hecho algo.
El balance es paupérrimo. Si echamos la vista atrás, quince años, es fácil comprobar cómo nuestro tejido social ni abrió la boca con la polémica de las "vacaciones fiscales", los incentivos aprobados por las diputaciones forales para atraer empresas y que estuvieron vigentes durante cinco años. Políticamente no es que fuera mejor. La Unión Europea las declaró ilegales y, mientras Euskadi negociaba con el ejecutivo Aznar ciertas "prebendas" para no verse perjudicada por la sentencia, la Cantabria presidida por Sieso renunciaba a pedir compensaciones, tal y como reclamaba por aquel entonces nuestro hoy Consejero de Economía, Ángel Agudo. La Rioja siguió, aplicó su Estatuto y logró poco más de veintiún millones. Cómo le fue a Euskadi es otra cosa, ¿alguien sabe si devolvió los beneficios ilegales? Se imaginan la respuesta, ¿verdad? Todo lo "arregló" el propio Aznar con una nueva regulación del "cupo vasco". Quizás, los veintiún millones fuera el precio del silencio riojano. Desde luego, la fiel y sumisa Cantabria, no recibió nada porque nada reclamó. Ya se encargó alguien de "no molestar" en el Ministerio o en Moncloa. Ante todo, lealtad al que te ha colocado. Ahora, con motivo del blindaje vasco, nos encontramos ante un escenario parecido. El tejido empresarial, social y académico sigue sin opinar. Pero políticamente es diferente. Se ha tratado de reaccionar y tanto el PRC como el Presidente Revilla, demandan la modificación estatutaria para, a su vez, blindar Cantabria ante posibles efectos de las normas vascas.
Sinceramente creemos que la reforma estatutaria, asimilándonos a La Rioja, es la única solución que le queda a Cantabria frente a posibles perjuicios; pedir, reclamar y demandar, sin argumentación jurídica, es como regar la arena. Podemos debatir sobre la justicia o no de los privilegios forales, pero lo único cierto es que ningún partido contempla ese debate y, por tanto, nadie va a abordar su supresión. La autonomía fiscal vasca y navarra seguirá porque así está en la Constitución. En ese sentido, lo único que cabe es actuar según las reglas del juego. Por ello creemos que la única postura coherente es la reforma estatutaria, porque independientemente que ahora se puedan dictar normas que perjudiquen a Cantabria, la influencia de la fiscalidad es indudable desde hace bastante tiempo, no sólo por lo que pueda pasar a partir de ahora. La Rioja lo ha demostrado. En ocho años ingresará cuarenta y seis millones de euros por la simple aplicación de su Estatuto de Autonomía. Pues bien, la realidad es tozuda. Hoy por hoy, cualquier movimiento en la reforma estatutaria cántabra exige, primero por coherencia y segundo por aritmética, el concurso de las tres fuerzas mayoritarias. Pero hay una, el PP, que se opone frontalmente y que convierte en estéril la propuesta de reforma. Esa actitud, a nuestro modo de ver, condena a Cantabria. Cualquier estrategia política es perfectamente entendible y respetable, sólo faltaba. El PP plantea recurrir las normas, pero nada más. Algunos creemos que esa no es la solución porque lo importante es, en un sistema que garantiza la asimetría fiscal, protegerse de los efectos de las normas. Lo decíamos antes, La Rioja lo ha demostrado; independientemente del blindaje, ya antes había consecuencias. Pero es que además, los riojanos, aparte de reclamar compensaciones y modificar su Estatuto, también han recurrido el blindaje. Y eso llama más la atención y pone en vergüenza la actitud del PP cántabro en todo este asunto. Su obstinada oposición es rechazable, pero en este caso, es también censurable, porque todo lo que afirma, lo hace desde la incongruencia y el desatino, por el mero hecho de supeditar sus intereses partidistas a los generales de todos los cántabros. No tiene sentido que los populares cántabros nieguen a Cantabria lo que en otros lugares alientan, reclaman, exigen y regulan. Comparando lo que hace el PP riojano es todavía más incomprensible: unos luchan por su tierra y otros la torpedean e incluso se ríen a mandíbula batiente con gestos, actitudes y discursos torpes, muy torpes, y completamente fuera de lugar. En Cantabria se posicionan contra el concierto y el blindaje, pero se contradicen porque su partido tiene la posibilidad de reclamar en las Cortes la eliminación de los privilegios fiscales vascos y navarros y porque fueron ellos quienes cerraron el acuerdo con el PNV para regular el cupo vasco, hace ahora diez años. Además, su partido es el que apoya el blindaje en Euskadi y su partido es el que, en La Rioja, demanda compensaciones. Pero es que también, traen a Cantabria al presidente riojano, que se permite el lujo de afirmar que él "defenderá los intereses de los cántabros" , rehuyendo hablar de posibles compensaciones estatutarias en Cantabria.
Por cierto, ya que están, bueno sería que trajeran al líder del PP en Euskadi, Basagoiti, para que nos explicase a todos los cántabros el porqué de su defensa del blindaje. Así las cosas, no es de extrañar que, según el CIS, sólo el 10% de los cántabros vean bien la estrategia del PP. Si partimos de la base que a los populares se les supone defensores de los intereses de Cantabria, ¿qué sentido tiene obstaculizar la reforma estatutaria para lograr lo que tiene La Rioja? Ninguno. A no ser, claro, que estemos ante un concepto alicorto de la autonomía, que a Cantabria se le niegue cualquier aspiración, dentro del ordenamiento constitucional, de reclamar sus derechos. Sería muy triste tener que recordar algo tan básico como que no por reivindicar más, no por defender los intereses de los cántabros, se es menos español, se atenta contra la unidad del Estado o se enoja al jefe madrileño de turno. Porque, sinceramente, es lo que parece subyace en cada una de las actitudes del PP cántabro. Si hay un Gobierno dispuesto a afrontar una reforma estatutaria que incluya, entre otras cosas, compensaciones por los efectos de la fiscalidad vasca, lo que hay que hacer es menos política de partido y arrimar el hombro, porque no tiene ninguna justificación hacer lo contrario. A fuerza de ser pesados: La Rioja lo ha demostrado.
Enrocarse de esa manera es llevar Cantabria al marasmo y alimentar la quietud de la sociedad civil. Luego, esa inacción, se alimenta con el plañidero discurso de los agravios, injusticias y demás victimismos, que sirven sólo para mantener la autocomplacencia y cierto discurso. Pero en realidad, la verdadera consecuencia es la evasión de la realidad, la falta de responsabilidad, la ausencia de compromiso y la deslealtad con Cantabria. En una palabra, auto marginación; algunos, de tanto alimentar este discurso, lo que están alentando es la regresión autonómica, pero ya va siendo hora de hablar claro: ¿para qué quieren que Cantabria sea autónoma?


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