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Fecha: 28/07/2014 Tipo: ADIC

ACTO DE ADIC, CONMEMORANDO EL 28 DE JULIO, EN PUENTE SAN MIGUEL.

 

  28 de julio; Día de Cantabria. La Asociación ADIC realizó un acto de homenaje a los junteros que el 28 de julio de 1778 aprobaron las Ordenanzas de Cantabria  en la Casa de Juntas de Puente San Miguel. A través de una ofrenda floral y lectura de un manifiesto que evoque el momento histórico que celebramos.

 

 

Ante la falta de sensibilidad y apatía mostrada por el actual Gobierno Autonómico y oposición parlamentaria por dignificar la fecha del 28 de julio como símbolo de nuestro autogobierno, de nuestra identidad y origen de la actual Cantabria, la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC), ha tomado la iniciativa. Proponiendo, mediante un sencillo acto, un emotivo homenaje a los junteros que el 28 de julio de 1778 aprobaron las Ordenanzas de Cantabria en la Casa de Juntas de Puente San Miguel. A través de una ofrenda floral y lectura de un manifiesto que evoque el momento histórico que celebramos. Acto realizado por una representación de ADIC, que fue recibida por el Sr. Miguel García Cayuso, alcalde de Reocín.

 

Desde ADIC se quiere recordar a todos los cantabros en general y a nuestro gobierno y representantes políticos en particular  lo que significa el día 28 de julio, fecha, que según el colectivo cantabrista, debiera ser considerada como un día fundamental que ensalce la identidad y cultura del Pueblo cántabro.

Un día festivo en el que no solo se glosara actos institucionales, sino que se llevaran a cabo actos que conmemorasen la efeméride histórica original y otros lúdicos.

 

 

MANIFIESTO:

 

El 28 de julio es un día señalado para el pueblo cántabro. Representa, a la vez, la culminación del proceso de integración territorial de la Cantabria medieval y moderna y el punto de inicio para la construcción de la Cantabria contemporánea.

 

Efectivamente, en el siglo XVIII, los cántabros constituyen un ente territorial regido por sus costumbres, por su tradicional sistema de autogobierno que, sin embargo, se distribuye en distintas jurisdicciones. Es durante esa centuria cuando éstas, después de siglos de convivencia, de lucha común contra las imposiciones reales y señoriales, deciden unificarse bajo un mismo cuerpo administrativo.

 

Superados varios intentos, el Diputado General de los Nueve Valles, Francisco Cayetano de la Iglesia, convocó Junta aquí, en Bárcena La Puente,  el 21 de marzo de 1777, con el objetivo textual de “agregarse, unirse y acompañarse, o para ser uno con los demás en un nuevo cuerpo de Provincia”.

 

Los debates culminaron con la histórica reunión de 28 de julio de 1778, en la que por fin se aprobaron las Ordenanzas de Cantabria. A ella asistieron representantes de prácticamente todas las jurisdicciones, estableciendo además mecanismos para que las no presentes, se incorporaran paulatinamente a la recién creada entidad administrativa, como así fue.

 

Allí plasmaron y certificaron el camino secular de unidad cultural de los Valles y Hermandades cántabras. Como así consta en acta, los moradores de dichas villas, valles y jurisdicciones afirmaron de forma unánime que la concordia y la buena armonía de los pueblos produce favorables efectos, cuestión por la que mostraban su eficaz y firme deseo de unirse en un cuerpo de Provincia. Y más, porque decían que, después de haber examinado la situación, costumbres y demás circunstancias, aprobaban  los 47 artículos que conforman las Ordenanzas de Cantabria, "país que se dividirá en cuantos departamentos se tengan por conveniente, uniendo en cada uno los villas, valles, y jurisdicciones más cercanos entre sí para la más cómoda concurrencia de los respectivos diputados a sus Juntas particulares".

 

Y acto seguido abrieron la puerta para la incorporación definitiva del resto de jurisdicciones cántabras no presentes al afirmar que serían admitidas en cualesquiera tiempo que lo solicitasen, sujetándose a la observancia de las Ordenanzas por medio de Diputados con poderes específicos para la unión.

 

Es un día pues lo suficientemente importante como para celebrarle. Por lo que significó y por lo que significa, por cómo se gestó y por lo que pretendía.  El 28 de julio está cargado de significado. Los cántabros de entonces decidieron plasmar su hartazgo hacia los agravios de la Corona buscando su futuro a través de una unidad administrativa que les permitiera legislar, “ordenarse”. Persiguieron su autogobierno para conquistar el futuro.

 

Los cántabros de hoy somos herederos de ese persecución del mañana y, siglos más tarde lograríamos plasmarlo con la institucionalización de nuestro autogobierno en el actual marco jurídico.

 

Sin embargo, ese autogobierno exige una revisión. Institucional y legislativa. El escenario actual ha mostrado las carencias de una Comunidad incapaz de ejercer su autogobierno. Por las circunstancias que sea, no ha habido voluntad política de seguir los impulsos de los junteros del siglo XVII que, recordemos, no solo  perseguían la unidad institucional, sino la posibilidad de legislar sobre ellos mismos.

 

Hoy Cantabria se ha visto traicionada por una clase política que ha sido incapaz de entender lo que significa el autogobierno. Una clase política,  que no sólo no legisla para sacar a Cantabria de la encrucijada socioeconómica en que se encuentra, con todo lo que ello supone, sino que la desprecia, ninguneando su identidad en aspectos como la educación, cultura o identidad. Sin ir más lejos, la celebración de esta fecha.

 

Hoy 28 de julio, reivindicamos autogobierno para darnos armas a nosotros mismos; herramientas para perseguir el futuro, el día a día. Reivindicamos una profunda reflexión sobre nuestro marco estatutario para dotarnos de los mecanismos necesarios que permitan conquistar el futuro.

 

Hoy 28 de julio reivindicamos identidad, memoria histórica. Reivindicamos el momento y el significado del 28 de julio como verdadero Día Nacional de Cantabria, el día en el que tiene sentido que los cántabros eminentes sean reconocidos, la fecha en la que todos los valles y jurisdicciones cántabras celebren lo que les une desde su particularidad; el momento en que todos los cántabros, en todos los rincones del mundo, participen del sano orgullo de sentirse como tal.

 

Ningún gobierno puede legislar contra nuestra identidad. Este día debe ser un referente para todos, por encima de adscripciones y veleidades. El 28 de julio debe ser marcado en rojo en nuestro calendario para, desde ahí, dignificar nuestra historia, señalar nuestra pertenencia, honrar la secular voluntad de integración  y conquistar el futuro.


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