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Fecha: 06/09/2004 Tipo: TRIBUNA LIBRE-DIARIO MONTAÑES

BALANCE DE UN AÑO DE CAMBIO ANTE EL NUEVO CURSO POLÍTICO

 BALANCE DE UN AÑO DE CAMBIO ANTE EL NUEVO CURSO POLÍTICO (Francisco Colsa Lloreda - Miembro Junta Directiva ADIC).

En principio septiembre es el mes en el que comienza un nuevo curso político. Es momento pues de hacer balance del ciclo anterior y de marcar las pautas para el nuevo que comienza, sobre todo en el momento que nos ocupa:el curso que culmina en el ecuador de la legislatura que suele ser, por lo general, el que marca la verdadera tendencia del ejecutivo. Si además añadimos a ello el cambio político habido en la Comunidad y la no presencia de comicios a corto plazo, el análisis se puede y se debe realizar de una manera más objetiva y de forma más sosegada.

Partiendo del discurso de investidura de Miguel Angel Revilla como Presidente, en el que se anunciaron los grandes ejes de actuación de su gobierno –industria, vivienda, comunicaciones, agua y POL-, tras el primer año de gestión, el Gobierno de Puertochico encabezado por él presentó su trabajo a finales del pasado mes de junio con un balance, a nuestro juicio, altamente positivo aunque con alguna salvedad.

Desde luego las nuevas formas y maneras y el talante se deja sentir –es de agradecer la mesura en las réplicas a la feroz oposición- y la credibilidad también –el cumplimiento de las promesas está ahí-. Por primera vez un Presidente de Cantabria asume las miserias de  nuestra  Comunidad y se compromete a solucionarlas; otros las evitaban y se asubiaban en el idílico terruño cántabro aunque, es evidente, era poco probable que reconocieran lo malo si ellos mismos lo había propiciado al estar gobernando durante décadas. Admitir que tenemos problemas en suelo industrial, comunicaciones, energía, recursos hídricos, vivienda y desarrollo científico y tecnológico,  es asumir el origen estructural de  nuestro estrangulamiento económico. Poner soluciones para resolver estos déficits es, por lo menos, establecer una plan, un proyecto para Cantabria. Y concretar en un plan director las propuestas demuestra, cuando menos, la voluntad de defender los intereses generales de Cantabria según un proyecto predeterminado, pero sobre todo, manifiesta el compromiso público y la transparencia de nuestro Gobierno para con Cantabria.

Efectivamente, en líneas generales, en un año se ha solucionado el suministro de agua a la zona oriental, se ha superado la brecha tecnológica, se han puesto en marcha las actuaciones en materia de vivienda pública sobre todo en Santander, existen nuevos planes de dinamización cultural, se ultima el Plan de Carreteras de Cantabria, se mejora notablemente el tráfico aéreo,  se concretan actuaciones del Gobierno del Estado –a falta de la presentación del Plan Estatal de Infraestructuras-, se trabaja en los sectores básicos de nuestra economía, se están atrayendo nuevas empresas y fomentado el comercio exterior y se están mejorando las cifras macroeconómicas.

            Sin embargo, es necesario anotar ciertas cuestiones que, aunque no empañan de momento la labor del ejecutivo, evitan poner una elevada nota a su actuación. Por un lado, es necesario afrontar de una vez por todas la comarcalización de Cantabria para superar las graves disfunciones  existentes entre los distintos territorios. Es evidente que es un asunto que está en la agenda del Ejecutivo, pero no debe demorarse más. La eficiencia en  la gestión pública de los servicios debe ser una cuestión prioritaria para este Gobierno porque arrastramos un considerable retraso en esta materia. Por otro, la poca celeridad en aprobar la Normativa Urbanística Regional (NUR), instrumento fundamental para el fomento de nuestra identidad y para el desarrollo sostenible y equilibrado de nuestras ciudades y pueblos.

            Por otra parte, la toma de postura en relación con  el debate que va acaparar la vida política en los próximos años: el modelo de Estado y las reformas estatutarias. Aunque del silencio sobre este asunto –la tónica habitual de los gobiernos anteriores- hemos pasado a “algo más”, creemos que no es suficiente. No basta con declaraciones sobre nuestra realidad histórica, nuestro asentamiento como pueblo o reivindicar nuestro derecho a negociar o a recibir en pie de igualdad. Hace falta una aportación más activa que concrete desde una visión cántabra no sólo cómo deben ser las relaciones interterritoriales del Estado y su estructuración sino también, y lo que es más importante, hay que analizar los mecanismos competenciales de gestión y ejecución necesarios para fomentar nuestra identidad y profundizar en nuestro autogobierno, pilares fundamentales de nuestro bienestar.

            Cantabria no puede volver a perder el tren de la modernidad y debe participar en todos los foros aportando su visión sobre el Estado y nuestro Estatuto, llevando este asunto al Parlamento y a la sociedad para que la postura cántabra sea debatida y consensuada de la mejor manera posible.

Acelerar las negociaciones con el Estado para traspasar las competencias pendientes que, de entrada, nos igualen a las Comunidades de mayor peso es fundamental para iniciar los trabajos de reforma estatutaria que amolden nuestro autogobierno a las necesidades de nuestro pueblo y a la realidad de la nueva vertebración territorial. El debate estatal ya ha comenzado en distintos territorios y nosotros aún no hemos pasado de las buenas palabras que, aunque sea mucho más que lo que se hacía anteriormente, no deja de ser una aportación escasa.

En definitiva, el balance del primer año de Gobierno, siendo justos, no puede ser malo, sino más bien, todo lo contrario aunque, eso sí, subrayando las cuestiones apuntadas como asuntos pendientes de resolver. No obstante, el balance de la actuación política en Cantabria no se debe basar exclusivamente en la labor del Gobierno, hay que analizar el contexto general. Y en él se incluye, necesariamente, la labor de la oposición.

Decíamos al principio que se iniciaba un nuevo curso político pero en  Cantabria no da esa sensación porque la continuidad del debate político –aunque sería mejor utilizar términos cuasi bélicos- desde un año para acá no ha dispuesto ninguna tregua. Y es que el cambio de gobierno y las sucesivas convocatorias electorales no han permitido el cese de hostilidades entre las distintas fuerzas políticas.

Lo que realmente debiera ser una labor de control e impulso al Gobierno, la oposición política en Cantabria lo ha convertido en asedio y ataque total sin posibilidad de redención. Es comprensible que sentara mal la pérdida del poder pero es lamentable que se trate de emponzoñar la vida política de una manera tan depravada, buscando titulares degradantes, insultando continuamente, vejando públicamente, no aportando nada más que peros sin sentido, dejando siempre sospechas sin confirmar.... Son prácticas que creíamos desterradas de esta Comunidad hace ya tiempo pero que han vuelto con enorme virulencia.

Y es que en el día a día se comprueba como la oposición sólo desprecia y ningunea al Gobierno, aportando nimiedades y recelos sin justificación fundamentada. Empezaron llevando a los tribunales los nombramientos de los altos cargos en un claro ejemplo de hasta dónde iban a llegar - un año después la justicia les dejó en su sitio archivando las denuncias-, porque las enmiendas o proposiciones en los debates o comisiones no son más que oportunistas aportaciones. Se han empeñado en “caldear” el ambiente y, en cierto modo, lo han conseguido desprestigiando el sano ejercicio de la discrepancia política.

La oposición del Partido Popular ha colaborado a deshonrar la labor política en Cantabria, algo que para los cántabros no es nuevo –no hay que olvidar épocas pasada aunque algunos pretendan deliberadamente olvidarlas-, de muy diferentes maneras. No sólo con cuestiones irrelevantes y con exabruptos lingüísticos. Por ejemplo, ha permitido la huida de sus principales líderes, dejando huérfana su oposición parlamentaria, obligando a debatir a través de los medios de comunicación por su incapacidad legal de asistir a los plenos. Han convertido los debates parlamentarios en una especie de “concurso de voceros” con oradores histéricos que denigran el debate democrático.

Cantabria no necesita espectáculos tan degradantes como al que estamos asistiendo. Este tipo de actuaciones sólo pueden provocar hastío y desmotivación en la sociedad, que es precisamente los que no necesitamos. Cantabria no merece esta oposición porque no puede perder el tiempo en debates intrascendentes. Es necesario rigor, seriedad, compromiso... Todo aquello de lo que presumían en vísperas electorales  y tras su pérdida del poder, hoy lo han echado por tierra por un absurdo revanchismo que no lleva a nada en democracia.

Cantabria, en suma, necesita madurez de planteamientos, responsabilidad, rigor, mesura y trabajo, mucho trabajo. El Gobierno parece tenerlo claro, la oposición no. La  sociedad exige que toda la clase política reme en el mismo sentido, en el sentido del verdadero compromiso con Cantabria.

 


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