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Fecha: 21/04/2005 fuente: DIARIO MONTAÑÉS
TRIBUNA LIBRE: LAS N.U.R., A QUIÉN PERJUDICAN Y POR QUÉ
DIARIO MONTAÑÉS - TRIBUNA LIBRE

 

  LAS NUR, A QUIÉN PERJUDICAN Y POR QUÉ.

RAMÓN OTÍ GANDARILLAS - MIEMBRO DE LA JUNTA DIRECTIVA DE LA ASOCIACIÓN PARA LA DEFENSA DE LOS INTERESES DE CANTABRIA (ADIC).

Entre las características etnográficas que definen un pueblo, se encuentran las formas de poblamiento y cómo se vertebran las mismas geográfica y materialmente. A lo largo de los siglos, el pueblo cántabro, íntimamente ligado a su espacio geográfico -como no podía ser de otra manera- ha elaborado una serie de actuaciones vinculadas a la arquitectura y convertidas ya en costumbres que permiten hablar de una herencia cultural arquitectónica, de una corriente arquitectónico-cultural popular, tradicional y específica. Ésta la podríamos definir -siguiendo a varios autores- como el conjunto de modificaciones materiales permanentes producidas por un pueblo en el territorio en que se asienta, como resultado de interacciones mutuas; esto es, el asentamiento de las formas, maneras y costumbres en la arquitectura, convirtiendo en estilo propio las soluciones constructivas por la puesta en común de distintos elementos: materiales autóctonos, clima, necesidades productivas y económicas... Ello configura un paisaje, el tradicional cántabro, peculiar y característico, que, desarrollándose, hubiera de convertirse en patrimonio de toda la Comunidad y que, en consecuencia, ha de ser protegido y expandido como cualquier otro hecho cultural. Y recordemos que el mantener vivo un hecho cultural autóctono es, hoy en día, uno de los principales parámetros con los que se mide la salud de una sociedad moderna, cohesionada y dinámica.

Pero esta obviedad no se cumple. Veamos, la idea de cultura encierra un significado dual; por un lado hablaríamos del conjunto de conocimientos adquiridos por una persona bajo la acción del medio social; por otro, también del conjunto de conocimientos, valores, creencias... etc., que condicionan el modo de vida y las costumbres de un entorno humano, o de una época. Esto es, dos vertientes en una misma idea, la global, más uniformizadora, centrífuga, y que es la que proporciona al individuo una serie de conocimientos y le conecta con el mundo exterior que le es afín, y la personal -o centrípeta-, con la que ineludiblemente el individuo está más comprometido y que, a su vez, le identifica, le da su identidad. Es esta última visión la que otorga a la persona una visión real y precisa de su propia manera de ver el entorno: valores, creencias, idiosincrasia... Y ante el actual proceso globalizador en el que estamos todos imbuidos, es ineludible el optar por una óptica conservacionista que garantice la supervivencia del hecho cántabro, tanto en lo etnográfico-cultural como en lo social.

Consideramos imprescindible englobar de manera efectiva el 'hecho cántabro' dentro de un proyecto cultural abierto y moderno. Efectivamente, abogamos por la defensa de nuestra cultura más particular, pero atendiendo a un punto de vista global, partiendo de entender la cultura como la forma de vida total de un pueblo. Por eso la arquitectura tradicional no hay que verla desde un plano estrictamente cultural, sino también desde los puntos de vista económico, medioambiental, identitario... de manera que se convierta en una realidad dinámica y real, y no en la mera condena a objeto museístico, como un vulgar 'hecho anecdótico'. Encajar la arquitectura tradicional cántabra en la modernidad supone, por tanto, el establecimiento de planes multidisciplinares que abarquen el propio hecho cultural, medioambiental y social. Y ese plan sería el que a nuestro juicio debiera adoptar el Gobierno Autónomo, a través de la Normativa Urbanística Regional (NUR), centrándose en tres pasos o etapas a seguir:

Partiendo del hecho cultural, en primer lugar habría que dotarse de los medios necesarios para poner al día la riqueza arquitectónica de todas y cada una de las regiones cántabras, elaborando a la par un censo cántabro de edificios y, sobre todo, conjuntos arquitectónicos susceptibles de protección. Segunda actuación: la creación de los órganos pertinentes que se encargasen de la conservación de lo estudiado, creando nuevas figuras administrativas o desarrollando las ya existentes, tales como, servicios de inspección, oficinas técnicas, ayudas para el sostenimiento y la financiación, o la creación de una red cántabra de pueblos protegidos -con la infinidad de ingresos que el turismo generaría-. En tercer y último lugar, todo lo anterior se daría salida a través de conferencias sectoriales, exposiciones, centros de consulta y asistencia para la elaboración de proyectos, informando y formando a la ciudadanía, sobre todo los jóvenes, de modo que se trascienda lo puramente cultural, inyectando este hecho -como otros- en el devenir diario de toda una sociedad. En resumen, tres aspectos vitales: investigación, conservación y divulgación.

Una sociedad sana jamás toleraría que en nuestras ciudades y pueblos se construya con el mal gusto y el carácter destructivo con que se ha hecho y se sigue haciendo en la mayor parte de nuestra Comunidad. Es de recibo que se exijan -de forma efectiva- ciertas condiciones que preserven cuando menos la tipología y materiales de la zona. No es admisible que se construyan urbanizaciones asépticas en núcleos históricos, sin dotaciones, con un único motivador: la especulación. No es positivo el observar, como observamos, -pasmados y con la mirada perdida- como se extermina nuestra herencia histórica. Por eso, para evitar desmanes, mantener nuestro patrimonio, lograr el desarrollo sostenible, y para fomentar una identidad cántabra -y no otras-, es necesario que el Ejecutivo actúe, respetando la libertad, pero siendo firmes en aspectos vitales. No se puede consentir a nuestro Gobierno que cada vez que se pase por nuestra tierra, el viajero no sepa donde está, no tenga elementos de juicio para saber a qué cultura o pueblo pertenece nuestro paisaje, porque esto se parece cada vez más a Leganés o Badalona que a Cantabria.

Aquí se ha ignorado durante demasiado tiempo la mera posibilidad de establecer unas normas reguladoras al respecto. Actuaciones en esta línea, en la potenciación de elementos que refuercen y fortalezcan la identidad del pueblo cántabro como tal, han sido y siguen siendo evitadas de manera explicita por nuestra clase política durante generaciones, ante el temor provinciano de generar un dinamismo social que convierta a Cantabria en una sociedad con mayúsculas, fuera del control de los caciques de siempre, -sin olvidar la dependencia económica del país respecto de estas oscuras prácticas-. Pues bien, aquí tenemos el resultado: Cantabria, desde el punto de vista estrictamente social, es un compendio humano absolutamente descohesionado, y eso se plasma en todos los ámbitos de nuestra vida y nuestro entorno. Una sociedad descohesionada y alienada, jamás será una sociedad próspera, jamás crecerá, jamás trascenderá más allá de sus fronteras, y está condenada a desaparecer en medio de la vulgaridad, la corrupción, la dejadez y la apatía, y en todo eso han convertido Cantabria desde los poderes públicos autonómicos. En consecuencia, difícilmente puede defender su patrimonio cultural una sociedad que no es consciente de sí misma, de su existencia, de sus necesidades, de sus inquietudes, donde nuestro 'hecho social' vive en medio de otras 'urgencias' más prosaicas.
En Cantabria se ha conformado en las últimas décadas un modelo de desarrollo rendido a los pies de la especulación urbanística, donde la alegalidad y la ilegalidad son elementos inherentes a nuestro 'crecimiento' económico. ¿Cómo es posible el altísimo número de esposas de alcaldes que se dedican a actividades relacionadas con el hormigón? ¿Cómo es posible que nadie, absolutamente nadie diga nada al respecto? Mientras la situación del suelo sigue en manos de los Ayuntamientos, que es tanto como dejar al lobo al cuidado de las ovejas. ¿Cómo es posible que los resultados de los comicios municipales en muchos lugares de Cantabria dependa exclusivamente de la política de recalificaciones que oferte cada candidato? Para las 'gentes de bien' debe ser mucho más trascendente restaurar La Horadada que salvar la totalidad de la costa. Cantabria, deliberadamente, se ha estructurado económicamente de modo que la mayor parte de nuestras actividades económicas giren en torno al ladrillo, y de manera descontrolada y soez, como un barco que se va a pique y al que hay que saquear las bodegas antes de que se hunda del todo. Al final todo es un círculo vicioso, pero un círculo vicioso que se ha creado ad oc, con fines políticos e ideológicos de fondo. Mientras Cantabria no regenere sus estructuras, mientras no cambie de filosofía, el círculo seguirá su curso: el deterioro social lleva consigo el empobrecimiento económico, y éste a su vez ocasiona que muchos ciudadanos particulares -en este caso, la gente del campo- se vean abocados al 'pelotazo' inmobiliario como única forma aparente de sobrevivir en un entorno rural olvidado y sin salida, y así empobrecemos ese suelo, ese entorno y todas las hipotéticas posibilidades que pudiera tener ese espacio en un futuro.
Cuando las necesidades perentorias ciegan cualquier otra perspectiva, difícil será poner freno a la situación urbanística cántabra, y más, cuando el desarraigo, la descohesión y la indiferencia ciudadana, facilitan la expansión de este 'virus'. ¿Cuál es el provecho político-ideológico de todo esto? Muy sencillo, hacer desaparecer el hecho cántabro de la forma más limpia: dejando morir sus referentes identitarios. Haciendo desaparecer a Cantabria como hecho social, poco a poco se irá desprendiendo de sus hechos culturales, porque si no hay hecho social, tampoco son necesarios sus referentes -en este caso la arquitectura cántabra-; sin darnos cuenta ya tenemos otro círculo vicioso. ¿Qué conseguimos con la desaparición del hecho social cántabro? Fácil; otra comunidad autónoma que no da guerra, que no plantea nada, que no da dolores de cabeza en Madrid, que no piensa nada, que no exige nada, que no crea nada, un mero espacio administrativo focalizado exclusivamente al ocio, el disfrute y la banalidad. Cantabria, desde el punto de vista estrictamente social, es un compendio humano absolutamente descohesionado, y eso se plasma en todos los ámbitos de nuestra vida y nuestro entorno.

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