
ADIC • 12 de junio, 2026
José Ramón Rioz Ruiz
[ Músico, pedagogo y compositor ]
Texto: Jesús Carmona (Músico).
Foto: Vicente Ansola Trueba.
José Ramón Rioz, una inspiración cercana.
Tengo abierto, en mis manos, el libro Una nueva experiencia en la escuela: el coro. En 1987, año de su publicación, con mi hermana, compañera de aventura, una tarde de junio, nos vamos desde Astillero a Liendo, en autoestop, y nos plantamos delante de las Escuelas, y al lado, frente a la vivienda del maestro. Nos reciben con total cordialidad Raquel y José Ramón, y los muy niños José Ramón y Raquel. Enseguida, la casa se llena de movimiento, de chavalería, y sin que pasen demasiados minutos, asistimos a un concierto de los chicos de la escuela, improvisado, pero lleno de calidad, de pequeñas, y no tanto, polifonías corales de muy diferente ámbito, de lo clásico a lo popular, de lo profano a lo religioso. En Liendo, participativo, real, asimilado el canto a los ritmos escolares, se estaba produciendo un pequeño, y no tan pequeño, milagro didáctico, musical, con epicentro en su maestro José Ramón Rioz Ruiz.
Lo que cuenta ese libro, que aún sigue abierto en mis manos, es precisamente eso: la presencia del instrumento coro en la vida escolar y cómo esa presencia consigue imantar las energías de un grupo muy amplio, que todavía es recordado en el entorno personal, familiar y comunitario del valle de Liendo: Coro de Niños, Schola Cantorum. Cuenta eso el libro, y orienta en la metodología didáctica para conseguir algo así. La experiencia de Liendo, se replica en los años siguientes en Guriezo, donde la Escolanía de Guriezo tiene continuidad en el grupo vocal Gaudia Musica, en un impulso que va desde finales de la década de los ochenta hasta la misma actualidad.
Otros grupos corales que han aprovechado la onda expansiva del entusiasmo musical y humano de José Ramón Rioz son Tierra Verde, Mateo Escagedo Salmón de Camargo, Amigos del Mar del Barrio Pesquero, Santa María de Cueto. En todos ellos, el enraizamiento con las problemáticas sociales, culturales, la vinculación con las gentes del entorno, son marcas del acercamiento al arte de nuestro músico y maestro. Precisamente, sin entender la doble vertiente de maestro y artista de José Ramón Rioz no podemos valorar convenientemente la trascendencia de toda su actividad, que ha sido constante y tiene siempre el sello de la generosidad y de la autenticidad. Y de un nivel técnico de realización elevado, exigente: sus elaboraciones incluyen el dibujo, el cuidadoso trato literario, el entendimiento de la música coral, en definitiva, incorporado al hecho cultural con implicaciones de muy amplio espectro.
José Ramón Rioz entra en contacto, desde sus inicios, con figuras determinantes del arte que están en su entorno vital: poetas, el caso de Hierro; pintores, y basta para ello recordar su hermandad con Uslé y Civera; o los músicos Miguel Ángel Samperio y Juanjo Mier, figuras muy queridas y reivindicadas, permanentemente. Con ellos establece un hilo comunicativo muy fértil: estrenos, interpretaciones de su música, consejos para la composición. Destaquemos la grabación de la serie Villancicos, de Samperio, que todavía suena en grupos escolares, coros, y ha quedado, sellado, en el oído de la gente.
La faceta compositiva de José Ramón Rioz tiene frutos tan entrañables como los Cantos a Saioa, dedicados a su nietecita, pero que incorpora, a la vez, una mirada solidaria sobre las circunstancias de los refugiados; o El sullar del vientu, donde puede sentirse la conexión profunda con la tierra, desde las coordenadas poéticas de Manuel Llano. Las obras son de un alto impacto emocional, pues que nacen de una necesidad interior expresada con sensibilidad y un conocimiento, amoroso, de los medios desplegados.
La presencia de José Ramón Rioz, de Monchi Rioz, ha resultado imprescindible en el contexto musical de las últimas décadas, y sus lazos con las diferentes generaciones de músicos ha sido de vital importancia para poder establecer vínculos, impulsos creativos, colaboraciones, y para reconocer en la labor de Monchi Rioz la presencia constante de una inspiración: Jesús Piedra, Justi Echevarría, Manuel Galán, Esteban Sanz, Antonio Noguera, Jesús Carmona, su hijo José Ramón Rioz, violoncellista, y así puede extenderse, casi sin fin, la relación de amigos, compañeros.
El libro de Monchi Rioz sigue abierto en mis manos: leo la dedicatoria, emocionado, junio de 1987… Todas las tardes de Nochebuena, en nuestra casa, recibimos una llamada de alguien que pronuncia la palabra maravilloso como una suerte de ensalmo y bendición, de alguien que nos enseña el camino y nos hace el camino más fácil.
Gracias, Monchi, por ser músico, por ser amigo, y por estar, siempre, siempre, tan cerca.