
ADIC • 6 de julio, 2026
MANUEL LUNA
[ Etnomusicólogo y antropólogo ]
Texto: David Pérez-Gómez (Músico, luthier y docente de música tradicional).
Foto: Vicente Ansola Trueba.
Hay vidas que se escriben al compás de una tonada, del pitu y el tambor, de un rabel, de la pandereta… o de una parranda. La historia de Manuel Luna Samperio comenzó en el año 1955, en el Santander que le dio la primera luz. Creció arrullado por una familia que cultivaba el gusto por la música popular. Aquella chispa primera encontró su cauce en los pasillos del Colegio de los Salesianos donde, al ingresar en el coro del centro, el niño Manuel descubrió el potencial de su propia voz. Este fue solo el preludio de un viaje sin retorno: el nacimiento de un pionero que, partiendo de aquella familia y de aquellas aulas, terminaría por cosechar elogios en los altares del folk internacional.
Cuando alguien se ve obligado a abandonar su tierra, suele ocurrir que se le hace sentir doblemente intruso: extranjero en la tierra de acogida y visitante en la tierra que le vio partir, llegando a sentirse como un marino navegando por tierra de nadie. No es el caso de nuestro protagonista. Las vicisitudes de la vida empujaron al joven Manuel a abandonar su tierruca natal. En su peregrinaje habitó diferentes paisajes, pero el destino le tenía reservado un puerto definitivo en tierras murcianas. Fue allí donde echó raíces, donde el sol del sureste maduró su inquietud creadora y donde ha desarrollado el grueso de su carrera musical. Sin embargo, su pensamiento, su pluma y su voz siempre han estado en el norte, sobre un puente invisible suspendido entre la Cantabria que le vio nacer y las llanuras y huertas por las que fue creciendo.
El trabajo musical de Manuel Luna no se ha desarrollado sobre la mera contemplación de la partitura, ya que su interés nunca ha sido el de un mero traductor de los símbolos escritos sobre el pentagrama en sonidos identificables por todos. Su actitud siempre ha sido la de abordar la tradición desde abajo, despojándose de la rigidez académica y poniéndose al nivel del campesino, mezclándose con el pueblo para desenterrar los significados ocultos y las funciones vitales que las canciones y los rituales cumplen en la vida cotidiana. En ese barro y en esas plazas se destapó su doble vocación: la del antropólogo que comprende y la del musicólogo que rescata y analiza la tradición. Impulsado por esta filosofía, se lanzó a navegar por los mares de las músicas tradicionales que le rodeaban.
Musicalmente, su estilo comenzó a forjarse y a esculpirse en la efervescente década de los sesenta. En 1978, bajo el sello Movieplay, vio la luz su primer manifiesto sonoro: “Que arriba que abajo”. Eran tiempos de cambio, de vientos que soplaban hacia la libertad mientras el régimen agonizaba. Los primeros trabajos de Manuel se revolvieron con audacia entre la canción de autor y la pureza folclórica, consagrándolo como un auténtico cantautor folk. No se limitaba a repetir lo aprendido: recogía las esencias de las tradiciones murciana y manchega y les insuflaba letras de temática actual, implicándose política y socialmente con el dolor y la esperanza de su tiempo. Desde aquel debut, su estela se ha coronado con una quincena de trabajos discográficos y un sinfín de colaboraciones con otros compañeros artesanos del sonido.
A finales de los años ochenta, tras haber buceado intensamente en el folclore murciano, Manuel volvió la mirada de nuevo hacia Cantabria; esta vez, con una intensidad creativa renovada. Así nació en 1988 “Los Gallos de Londres”, editado por Sonifolk y dedicado íntegramente a la música tradicional cántabra. El trabajo traspasó fronteras, cosechó críticas legendarias y fue declarado por la prestigiosa revista británica “Folk Roots” como el mejor álbum del año en lengua castellana.
Uno de sus mayores logros musicales ha sido el de trazar un camino estrictamente propio, huyendo con valentía del celtismo anglosajón que a menudo homogeneiza el mundo del folk, y manteniéndose fiel a la raíz ibérica. Ha conseguido ser original, reconocible, único.
Manuel Luna es antropólogo y etnomusicólogo de formación, lo que lo sitúa como uno de los músicos más preparados del ámbito folk y tradicional. Avalado por más de una treintena de estudios publicados sobre la identidad de Murcia, Castilla-La Mancha, Andalucía Oriental y Cantabria, podemos decir que es un músico tradicional con conocimiento de causa, que sabe de lo que habla y sabe lo que canta.
Y cuando la música y los libros no bastaban, Manuel llevó su palabra a las ondas hertzianas. A través de los micrófonos de Radio Nacional de España, en programas ya míticos como “El Tío de la Pita”, “Iberfolk” y “La Tarataña”, difundió la memoria sonora de un país demostrando que mientras haya quien cante y quien recuerde la tradición seguirá siendo un fuego encendido.